“Creo que las marchas no tendrían que terminar nunca”

“Creo que las marchas no tendrían que terminar nunca”

Elena Zaffaroni es integrante de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. Conversamos sobre la historia de la Marcha del Silencio, que este año celebra su 22º edición el próximo 20 de mayo, bajo la consigna “Impunidad: Responsabilidad del Estado. Ayer y Hoy”. Además, compartió parte de su historia de vida y de una lucha que comenzó hace más de 30 años, y no termina.

Elena dice que “está desaliñada” para las fotos, pero que si no estuviera así no sería ella. Su mirada es limpia, alegre y no mezquina sonrisas, ni carcajadas. Durante la entrevista, recorrimos parte de su historia de vida, y también de la historia del país, de aquellas búsquedas incansables. Durante la última dictadura militar Elena Zaffaroni estuvo detenida en el Penal de Punta Rieles. Quien fuera su compañero, padre de su primer hijo, aún continúa desaparecido, lo siguen buscando. Por algunos años Elena participó de la Asociación de Amigas y Amigos del Museo de la Memoria en el proyecto de la revista No te Olvides, publicada entre 2010 y 2014. También formó parte del proyecto Memoria para Armar, publicaciones en las que se comparten historias de dictadura vividas por mujeres.

¿Podrías contar cómo surge la Marcha del Silencio, a partir de la convocatoria realizada por Madres y Familiares en 1996? ¿En ese tiempo ya eras parte de esta organización?

Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos está desde antes de 1985. Yo salí (de la cárcel) en 1978 y Serpaj me contacta después del ´80. Querían reunir a las Madres y me preguntaron si quería acercar a mi suegra. Así fue. Serpaj fue quien promovió el encuentro de los familiares de desaparecidos en Uruguay, que la mayoría no eran Madres, eran esposas.

Marcha del Silencio. Año 1996. Autor: Daniel Stapff

En el primer tiempo participé poco. Estaba en otra etapa, rearmando mi vida. En esa época vivíamos llorando de la mañana a la noche. Cuando salió la Ley de Caducidad integré el equipo para derogar la ley, y después quedé embarazada, hice cama todo el embarazo, y me distancié. Me volví a integrar completamente en el 2000. Es difícil rearmar tu vida, conviviendo con esta lucha que te devora. Todo lo que hacés es poco, nunca llegás a los objetivos, es una lucha para toda la vida.

La Marcha del Silencio surge por una propuesta de conmemoración a 20 años de los asesinatos de Michelini, Gutiérrez Ruiz, Whitelaw y Barredo. La familia Michelini propone hacer una marcha, que no fuera para ellos, sino que fuera por todos. La idea original no era continuar con las marchas, sino conmemorar ese año. En la primera Marcha del Silencio, en 1996, todo el FA concurrió. Después de hacerla, en Familiares dijimos: esto tiene que seguir todos los años, hay que volver a hacerla. Después de la primera, la marcha quedó en manos de Familiares y una coordinadora que se arma para su organización.

¿Cuántas personas fueron?

No me acuerdo. Fue muchísima gente, muchísima menos de la que va a las marchas ahora, pero muchísima gente para entonces. Fue súper emotiva, ya había habido alguna otra marcha, pero no exactamente por esto. De a poco fueron pasando cosas, a lo largo de todos estos años fuimos tomando otras conciencias. A pesar de que las consignas son más o menos las mismas, cada año va creciendo el sentido y las garantías de reparación. Las viejas (refiriéndose a las Madres) siempre fueron ambivalentes con el tema de la justicia, nunca creyeron que iba a haber justicia. Querían a sus hijos vivos y chau, no había otra. Entre ellas también había diversidad, estaba la que quería enterrarlo, la que decía “a mi no me den huesos”, la que planteaba “a mi díganme todo lo que pasó o denme a mi hijo”. Son cosas difíciles de traducir, pero la complejidad se observa en que Familiares como Familiares no presentó ninguna causa judicial. La presentó cada familiar.

En relación al reclamo al Estado, su responsabilidad ante la impunidad, ¿en este momento esa demanda sigue igual, ha cambiado?

Sigue igual. Se han movido muchísimas cosas. Es increíble que se siga con el tema: pensando en armar una institucionalidad, que esté en los noticieros, que los presidentes tengan que decir algo. Pero hasta que no se aclare el tema de los desaparecidos, sigue siendo responsabilidad del Estado. El Estado cambia, no es el estado terrorista, vivimos en una democracia plena, se han hecho muchísimas cosas, pero no se ha buscado a los desaparecidos.

Buscar no es darte una pala y decirte “abrí la tierra”. Las instituciones no se han tocado, esa exigencia fue a medias. Se quedaron con la palabra de los militares siempre. Han habido avances a costa de años y de insistencia.

Los presidentes más abiertos te dicen: “¡Digan lo que quieren! ¿Qué quieren?”. Es tremenda esa pregunta. No tenemos a las viejas ahora, las que están están, pero están muy viejitas. Antes ellas les decían “quiero a mi hijo”. Con esa pregunta, te devuelven la pelota. Como que ellos te plantean “cómo vamos a hacer”, y te generan un poco de culpa. Porque pareciera que no alcanza con que pidas Verdad y Justicia, hay que pedir cosas concretas. Hay que decir: “Quiero el archivo tal, que está guardado en el cajón 3, del mueble verde detrás de la escalera”, sino como que no estás pidiendo. Con los años fuimos tomando más conciencia. No es un slogan “Responsabilidad del Estado”, es lo que se viene planteando: el Presidente tiene que buscar, tiene que mandar a todos a que busquen, que abran y hablen. Tabaré pidió y le hicieron, un informe lleno de atrocidades, incongruencias y mentiras. Le dijeron acá está María Claudia (García Iruretagoyena), y fueron con Macarena (Gelman) para que excavaran ahí. No había nada, y no pasó nada, a nadie removieron por ese motivo.

Marcha del Silencio. Año 1999. Autor: Oscar Bonilla

Las Madres siempre dijeron que había que ir a todos los lugares a los cuales se nos invita, a mesas de trabajo o espacios que organiza el gobierno. No tenemos nada que ocultar, tenemos que llevar todo lo que tenemos, si es que se va a investigar. Les damos todo, pero tenemos que estar todo el tiempo marcando que no están haciendo lo que deberían. Tabaré dio la orden para que el Ministerio de Defensa habilitara el ingreso a los archivos, pero estamos en una puja permanente porque no ponen gente a trabajar. Les duele, nos dicen: “por qué nos critican si nosotros dijimos”, “cómo no me van a creer que tengo esta voluntad”. Bueno, usted estuvo del 2005 al 2010 y no la tuvo.

¿Cuáles son las deudas del Estado y de la sociedad para/con las víctimas, en la actualidad? (Sabiendo lo complejo del término, pensando en las personas desaparecidas, detenidas, exiliadas).

Las deudas de la sociedad no las tenemos visualizadas. Las Madres siempre pelearon y se enojaron por no ser víctimas. Ellas no son víctimas, ellas plantean que las víctimas son los desaparecidos. Dicen: “Nosotras somos ciudadanas que reclamamos, exigimos hasta donde podemos. Las víctimas son ellos”. En relación a la reparación (indemnizaciones por sus hijos) ellas no se presentaron y también decían: “No decimos que esto tiene que hacerlo todo el mundo”. Se mantenían en que los desaparecidos eran las víctimas y tenían que `aparecerlos´, esa era la única reparación. No le hacen reclamos a la sociedad, sino al Estado.

¿Te parece que las diferentes capas generacionales están en las Marchas del Silencio?

Veo que cada vez van más jóvenes. Van chicos que son más chiquitos. Cerca de la marcha siempre nos invitan a actividades. Antes era a lugares universitarios, ahora también te invitan a liceos, estudiantes de 1º año. Me parece que hay una ética que es lo que hace que tengan esa empatía, es algo en lo que creen. Veo que los jóvenes no creen en los políticos pero sí creen en la política. Sí creen en Familiares, creen en esa lucha por la Verdad y la Justicia, y en contra la impunidad porque ven la impunidad en todo. Creo que las marchas no tendrían que terminar nunca.

Marcha del Silencio. Año 2014. Autor: Carlos Lebrato.

¿Cómo son las Marchas del Silencio en el interior?

En todos los departamentos se conmemoran. No en todos hay marchas, en los que no hay mucha gente hay concentración o se hacen otras actividades.

Nosotros tratamos de trabajar, de a poco, no solamente la Verdad y la Justicia, sino también la transformación de las instituciones del Estado, que siguen haciendo lo mismo.

Antes Familiares no hacía declaraciones, pero hace años que Familiares se pronuncia: policía, torturas, retiro de tropas de Haití, lo del INAU, violencia hacia las mujeres, también. No son causas diferentes, si no avanzamos en todas no fortalecemos las otras.

Esa visión de conjunto no se tiene desde el inicio de la lucha. En el inicio era la búsqueda de ellos, los desaparecidos. Hoy la seguimos creyendo válida. Encontrarlos es parte de desarticular la operativa del terrorismo que acá no se tocó. 30 militares presos no son nada, y la operativa está tan silenciosa que aparecen los archivos Castiglioni mostrando que sí, como todos sabemos, están observando a los de siempre, siguieron. No se sabe quién y nadie se hace responsable.

En relación a tu historia personal, ¿tenés cuentas pendientes, deseos o anhelos?

No sé cuáles son mis cuentas pendientes (risas). Me pasa como a muchos otros compañeros, que también me cuesta ir más a fondo en la investigación del caso del que era mi compañero. No lo he hecho. Algo sí, algo no. No sé si es una cuenta pendiente, me parece que a él no le importaría realmente. A él y a otros compañeros -con los que milité- les importaría que no abandonemos la lucha por cambiar cosas.

Encontrarlos es parte de eso. A mi nunca me interesó que me dieran un dato. Nos han propuesto alguna vez un diálogo frente a frente con los responsables. Algunos están tentados, a mi no me interesa. Es una deuda que se debe al pueblo uruguayo, al Presidente, al Ministro, a mi no.

No son deudas personales, pero en el fondo siempre hay algo que te queda, porque creo que todos, todos los días, pensamos en ellos. Aunque soy feliz, tengo una vida preciosa, un compañero espectacular, seguimos pensando en ellos.

Por otro lado, creo que la educación debería ser el multiplicador de esto. Se dio un pequeño paso logrando que este tema esté en la educación formal como información, pero eso no es educación. La educación está en que los muchachos se rebelen, tengan conciencia, tengan empatía con la gente que más sufre. Alentar la rebeldía, que es por donde no vamos, vamos a sofocar. Ese es un anhelo que tengo: educar a los niños libres, que no se dejen avasallar por nada.

Marcha del Silencio. Año 1999. Autor: Oscar Bonilla

Pensando en tu historia personal y en lo que has conversado con otras mujeres en los talleres de producción colectiva de Memorias para Armar ¿pensás que la dictadura oprimió o castigó de modo diferente a las mujeres?

Creo que no escapamos del lugar que la mujer tiene en la sociedad. En ese sentido sí, fuimos ninguneadas. Fuimos, no sé si más abusadas, pero sí, en general, se abusó de nosotras en todos los aspectos posibles como mujer. A la vez, por ser mujeres, nos dejaron ahí, que no merecíamos atención mayor. Las que estuvimos presas tuvimos, en general también, la suerte de tener una prisión colectiva. Para eso las mujeres somos más habilidosas que los varones. Eso nos dio mucha fortaleza. Tuvimos situaciones difíciles de todo tipo, pero yo siento que como una cuestión general, nos fortalecimos, como personas y como mujeres. Pasamos todas esas cosas porque pudimos tener esa experiencia colectiva, no sé si hubiéramos podido aisladas.

Oratoria de Madres y Familiares el 1º de mayo de 2017

Entrevista y contenidos: Romina Verrua

Fotos de Imágenes del Silencio. 20 años de marchas.