Departamento educativo del Mume: un trabajo silencioso y transformador

Departamento educativo del Mume: un trabajo silencioso y transformador

Laura Díaz y Silvia Maresca, son profesoras de historia. A su vez, Laura es Guía de Turismo y Silvia es Archivóloga. Trabajan en el Departamento Educativo del Museo de la Memoria, en un equipo de tres personas. Desde allí se encargan de coordinar y realizar las visitas guiadas a escuelas, liceos y cualquier institución que solicite recorrer la muestra del Mume. Las entrevistamos para conocer más de su trabajo y aprendizajes.

Laura Díaz es quien se encarga de la coordinación del Departamento Educativo del Museo de la Memoria, de igual modo insiste en aclarar que el trabajo es fundamentalmente en equipo. Interesaba saber cuáles son las tareas que desempeñan desde ese área pero también conocer algo más sobre una tarea más invisible que se vincula a contribuir en la construcción de memoria junto a escolares y liceales, de Montevideo fundamentalmente pero de todo el país. Este año, desde octubre tuvieron que dejar de agendar visitas porque ya no tenían lugar en la agenda.

¿Cuánto tiempo hace que trabajan en el MUME? Cuando llegaron ¿ya estaba el departamento educativo?

Laura Díaz: trabajamos desde mayo del 2015. Ingresamos como profesoras de historia de secundaria en pase en comisión.

Silvia Maresca: el departamento ya estaba creado desde hace mucho tiempo atrás. Ya habían trabajado otros docentes antes. En ese momento había una sola persona y nos incorporamos nosotras.

L.D: luego esa persona dejó. Cuando nosotras ingresamos nos incorporamos tres y un pasante de la universidad. En este momento somos dos docentes en pase en comisión y una pasante de Antropología.

¿Qué tareas desempeñan desde el departamento educativo?

L.D: principalmente agendar las visitas y los talleres de las instituciones educativas que visitan el museo. Planificar y realizar esas visitas. Las que se hacen al museo y a la ex Quinta de Máximo Santos, el predio en que se encuentra el museo. Asimismo, hacemos visitas al público en general, los martes, jueves y sábados a las 16 hs. Coordinamos toda la actividad con los talleristas y con los guías externos. A veces no tenemos capacidad quienes trabajamos en el departamento de recibir a todos los estudiantes que demandan visitas; entonces, tenemos dos o tres guías externos para asistirnos y siete talleristas.

También colaboramos en proyectos de investigación con el equipo de investigación del Mume. Este año estuvimos trabajando en el proyecto de Sitios de Memoria, sobre todo con el 300 Carlos o Infierno Grande. El departamento se abocó esencialmente a generar sensibilidad del público de niños y jóvenes a través de hacer talleres en los barrios; en este caso se hicieron en Casavalle y en Peñarol, y los hicimos a través del Sacude, del Centro Peñarol y del Centro Cívico Luisa Cuesta.

S.M: Venimos preparando todas estas actividades desde 2015, que venimos diseñando talleres desde este espacio. Esas son las tareas del Departamento Educativo propiamente dichas, pero hacemos en el Museo otra cantidad de tareas, por ejemplo yo cuando no tengo visitas guiadas y tengo tiempo hago tareas para el Archivo. En los períodos que hay muchas visitas no podemos hacer más nada porque estamos abocadas a las visitas. Además, porque tenemos poca carga horaria semanal cada una de nosotras.

¿Quiénes solicitan visitas guiadas?

L.D: escuelas y liceos públicos, y escuelas y liceos privados. Después UTU, Magisterio, IPA y Ong´s.

S.M: para estas últimas nosotras las englobamos en “educación no formal y otras instituciones”. Vienen estudiantes de intercambio, que son pocos pero vienen todos los años. Por ejemplo de Estados Unidos vienen todos los años, de un diario alemán, vienen sus suscriptores todos los años. La mayoría de las visitas son de escuelas y liceos públicos. Vienen más públicos que privados, y más liceos que escuelas, si sumamos primer y segundo ciclo de secundaria.

L.D:

Este año visitantes fueron 7080. Visitas realizadas fueron 301 y talleres realizados 132. Porque las visitas son gratuitas y los talleres tienen un costo porque son talleristas tercerizados, que se autofinancian. Los talleres son de Fotografía; Música y Memoria; Barro; Palabras; Teatro; Memoria, creación y movimiento; Memoria Animada. Son siete talleres de expresión en relación a lo que es la muestra del museo. Por otro lado, con pasantes de la Tecnicatura de Guía de Turismo de UTU, se crearon dos talleres más que son el Taller de Naturaleza y el Taller de Historia Novelada, que tienen que ver con la ex Quinta de Máximo Santos.

S.M: porque la mayoría de los alumnos que vienen son de sexto de escuela y de tercero, cuarto y sexto de liceo, que son los que tienen los programas relacionados con historia reciente. Entonces, nos habían solicitado que también querían trabajar con el período de Máximo Santos que es un período que se ve en otros años, es una manera de ampliar el público.

¿Cómo es la modalidad para acceder a los talleres?

L.D: Se enteran antes de venir al museo, cuando la institución solicita una visita, inmediatamente se responde mandándole la propuesta educativa. Se les dice que además de la visita pueden solicitar un taller, y se les envía la lista de los talleres con una explicación mínima de en qué consiste cada uno. A partir de ahí solicitan. Cuando coordinan la visita, coordinan el taller. Hay un 28% de visitas que se hacen con taller y el resto sin taller. Pensamos que es un tema esencialmente de costos, y en algunos casos de tiempo, porque si son instituciones que tienen que venir de muy lejos a veces se complica con los traslados porque la visita dura alrededor una hora y el taller otra hora más.

¿De dónde son las instituciones educativas que realizan las visitas?

S.M: la mayoría son de Montevideo, pero también vienen del interior. De Montevideo este año fueron 221 visitas y 68 del interior. Vienen generalmente de las zonas más cercanas, pero por ejemplo de Salto vienen y vienen todos los años. Han venido de Paysandú, de Colonia, de Soriano, todos los años vienen de Maldonado. Montevideo, Canelones y San José, son quienes más vienen.

¿Cuáles son las reacciones de los estudiantes al recibir la visita?

L.D: cuando estás haciendo la visita las reacciones son muy variadas. Puede ser el silencio porque se quedan impactados por lo que van viendo. Tratamos de hacer la visita vivencial, en el sentido que no sea escuchar y ver sino también que recuerden olores, toquen cosas, se sienten y se paren. Que busquen en su memoria recuerdos o también recuerdos que les han contado sus abuelos, sus abuelas, sus padres y sus madres. Entonces te encontrás a los que les vienen nervios y se pueden llegar a reir, los que se concentran y te preguntan, los que se emocionan y se les llenan los ojitos de lágrimas o que se alegran por ejemplo cuando le contás el cuento de Milay [refiere al cuento Pájaros Prohibidos de Eduardo Galeano]. Buscamos trabajar con ese cuento, y a través de él ven que en una dictadura, cuando falta libertad, cuando todos los derechos no son respetados, surge esa necesidad de usar el doble sentido o la ironía para resistir.

¿Creen que se van distintos después de conocer el Museo?

S.M: esperemos que sí, (risas), o por lo menos que se vayan con preguntas. Si se van con preguntas para la casa nos consideramos satisfechas. En general pasa eso, creo. Ha habido chiquilines que después vuelven con la familia, no muchos pero sí ha pasado.

¿Cuáles son los desafíos de las guías que hacen las visitas en relación a la construcción de Memoria con el público?

S.M: el desafío es que la visita les genere interés en el tema. Que se vayan con preguntas. Cuando hacemos la visita para nosotras es un desafío tener una línea profesional, no posturas personales, sino una línea profesional que se pare desde los derechos humanos. Puede haber visitas que son muy tranquilas y puede haber visitas donde se den confrontaciones. Hay que tener bien claro cual es nuestro lugar como guías.

L.D: el desafío fundamental es mantener la atención, que la visita resulte interesante, resulte clara. Cuando se den polémicas aclarar ciertas posiciones claramente para que cada uno arme su postura, que los objetos que están viendo tienen una memoria específica que contar, que sea lo más vivencial posible y empática. Una doble empatía, nosotras como guía ser empáticas con ellos e ir adaptando el guión de acuerdo a cómo vas sintiendo que se sienten ellos, estar cuidando al grupo.

Por otro lado, lo que contamos en el museo tiene que ver con vivencias dolorosas que pasaron las personas, entonces que se vayan con esa apertura de ponerse en el lugar del otro, y empezar a acercarse más a esas realidades que son tan ajenas y tan distantes en el tiempo. A menos que tengan una vivencia personal por familiares. A veces vienen sin saber nada por parte de las familias, pero se van con la inquietud de empezar a preguntar para saber cómo sus familias vivieron la dictadura.

S.M: intentamos encontrar puntos de referencia de su vida cotidiana, por ejemplo contar historias que tengan que ver con su barrio o con el lugar de donde vienen. Siempre para que les resulte más cercano.

Recordás alguna situación que te haya marcado particularmente con alguno niño, niña o adolescente

S.M: hubo una visita no recuerdo de qué liceo era, no siempre lo hago pero esa vez me puse a hablarle de las fotos de Aurelio [González] y cómo encontraron los rollos, y cuando llegamos a la sala de cárceles y de repente el profesor me hacía señas, y miro para atrás y estaba Aurelio parado detrás mío. Entonces les digo “¿se acuerdan de Aurelio? Bueno, él es Aurelio” (risas). Fue fuerte.

L.D: en una oportunidad me llaman de un club de niños de verano, de vacaciones, yo entiendo que eran niños de 12 años. Pero cuando llegan, el grupo iba de seis a 12 años. Entonces tuve que ingeniármelas ¿cómo hago para trabajar este tema?; entonces pensé voy a trabajar el tema de la libertad, que en períodos dictatoriales falta la libertad como derecho básico. Traté de que ese fuera el tema recurrente, entonces les interpreté el cuento Pájaros Prohibidos, les hice mover los brazos, empezaron a sentir que volaban, que se sentían más libres. Salimos al parque y en un determinado momento, hacia una de las esculturas donde hay un pájaro, una de las niñas comenzó a señalar con el dedito y empezó: “¡Libertad, libertad!” y todos los niños al unísono empezaron “¡Libertad, libertad!”. Con las maestras nos quedamos muy emocionadas, dijimos al menos les quedó esa sensación de lo importante que es ese derecho y cómo hay que trabajar para mantenerlo. No me olvido nunca más.

A 10 años de la fundación del MUME, ¿creen que hay nuevos desafíos en relación a los programas educativos y memoria?

S.M: a 10 años, hay mucha gente que no conoce el Museo de la Memoria todavía. Público en general pero también hay muchos docentes que es la primera vez que vienen al museo. Aún así, la agenda está llena. Este año en octubre tuvimos que contestar que no había lugar. En los programas educativos el tema historia reciente se puede dar desde hace muchísimo tiempo, depende de los docentes. En lo que nos compete a nosotras, tenemos que mejorar el vínculo con los docentes. Tenemos ideas de producir materiales desde hace mucho pero que nos van quedando en el tintero, no podemos hacer por falta de tiempo y porque necesitamos más personal. Otra línea que queremos desarrollar son talleres en las exposiciones itinerantes que se llevan a liceos y escuelas. Implica que una de nosotras vaya a hacer talleres allá, por lo que no hemos podido hacer muchos.

L.D: otra cosa que estamos haciendo es que el Museo salga. Este año realizamos lo que te contaba, trabajar haciendo talleres en los barrios, afuera. Ese es un desafío para el año que viene, para llegar a otros barrios y otras instituciones. Fue una experiencia preciosa, a veces para las instituciones educativas es compleja la logística pero yendo nosotras a los lugares es más fácil. Es decir, hay avidez pero los medios a veces complican. Otra línea que comenzamos a trabajar este año es con instituciones a las que van chicos ciegos e hipoacúsicos, y que la intención es seguir profundizando en esa línea. Se hizo una planificación específica para ellos.

S.M: es muy difícil, es un debe que tiene el museo, porque no está pensado para ellos. Es un museo muy visual y también quedan pendientes algunas cuestiones para accesibilidad, hay lugares donde solo hay escaleras para acceder.

L.D: otra dificultad que tenemos es la ausencia de espacios específicos para dar talleres, no solo en relación a la accesibilidad sino en general, tenemos pocos espacios, son reducidos y en algunos casos no pueden usarse por cuestiones climáticas.

¿Cómo hace una institución para solicitar la visita guiada y ser agendada?

L.D: Por mail: agenda.mume@imm.gub.uy. Esa es la forma más directa.

S.M: Cuando mandan mensaje nosotras les mandamos todos los datos que tienen que mandar y la propuesta educativa. A nosotras nos sirve para poder preparar la guía, según los datos que nos brindan.

L.D: lo que hacemos también son evaluaciones. A las instituciones les pedimos que respondan sobre lo que les pareció la muestra, la visita y el taller. Pueden hacer sugerencias y nosotras relevamos esos comentarios. Cada tallerista y cada guía también hacen evaluación de ese momento. Tenemos tres evaluaciones, toda esa información se procesa después y se comparte a todo el mundo para que se conozca ese informe.

Museo de la Memoria: Av. de las Instrucciones 1057 esq. Bvar. José Batlle y Ordoñez. Tel. (+598) 2355 58 91. Lunes a Sábados de 12:00 a 18:00 hs.

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Entrevista: Romina Verrua.

Fotos: Departamento educativo, Mume.