Mensajes al MUME

Exposición abierta en febrero y marzo.

Museo de la Memoria: Avda. Instrucciones 1057, Montevideo.

La resistencia en las cárceles dio lugar al resurgimiento de un antiguo oficio: el oficio de escriba.

La forma de preservar los libros prohibidos fue copiarlos en hojillas para cigarros con letra en miniatura. Libros enteros se copiaron en una labor titánica que requería mucho pulso, mucha vista y mucha determinación, pues era una actividad peligrosa.

Pero también se producían escritos inéditos, que iban desde reflexiones políticas, propuestas de táctica y estrategia para enfrentar la dictadura, hasta creaciones literarias en forma de poesías, cuentos y novelas.

También se escribían mensajes ocasionales para comunicar algún suceso del momento.

Los escribas producían en las horas de la noche cuando las cárceles dormían, para lo que habían de fabricarse mecheros utilizando la grasa que se rescataba de la sopa y mechas que se trenzaban con piolas diversas.

Estos escritos miniatura se doblaban meticulosamente y se encapsulaban con nylon sellado con fuego, de modo de guardarlos en la boca, o en los intestinos. El cuerpo preservaba a esta biblioteca.

Los escritos miniatura, encapsulados, salían y entraban de las cárceles. A través del beso de despedida que las parejas se daban en las visitas, el escrito viajaba de boca a boca.

Fue una forma de resistencia en la que los escritos miniatura fueron un instrumento para el estudio, para producir pensamiento y conocimiento. Para expresar emociones. Para comunicarse entre los presos y presas, y entre estos y sus familiares, y de este modo con el resto del mundo.

Como un eco, un homenaje y una permanencia, desde el día de la inauguración del Museo de la Memoria, pusimos a disposición de los visitantes hojillas, lapiceras y una urna donde colocar los mensajes escritos en miniatura que los usuarios quisieran escribir. Luego de doce años abrimos la urna, rescatamos los mensajes y los exponemos para conocimiento de todos.