«Ser joven no es delito». No te Olvides. Nº 19.

«Ser joven no es delito». No te Olvides. Nº 19.

Una revista sobre Memoria.
Realizada por la Asociación de Amigas y Amigos del Mume.

Editorial

La profusión de noticias no hace más comprensible el mundo, más bien hace lo contrario. Por eso la elección de temas es para No te Olvides un esfuerzo por rescatar algo de la vorágine informativa y ponerlo en papel, como una invitación a darse un tiempo para volver a verlo, a pensarlo.
Las alegrías y furias por el fútbol por ejemplo, pasarán pronto, como pasan todas las noticias perentorias desplazadas por otras más perentorias. Pero, aunque no sea celeste la tapa de la revista, hay un lugar para el conflicto del fútbol entre su arraigo popular como juego y la prepotencia empresarial que ostenta como espectáculo –el más poderoso del mundo–. Un conflicto capaz de hacer que en Brasil, que ama el fútbol tanto o más que los uruguayos, la mitad de la población rechace la celebración de la Copa y proteste en las calles paralizando ciudades enteras en simultáneo a la realización de los partidos (véanse pág. 31-32).
El gobierno de Brasil no es el único que se enfrenta a la decisión de hierro de cualquier gobierno democrático: cumplir con las demandas de seguridad y, a la vez, respetar los derechos civiles, entre ellos el de la protesta.
En Uruguay es amplio y diverso el espectro social que demanda seguridad y considera que, para lograrla, hay que castigar duro a quienes la amenazan. Se reclama una política de seguridad que por la vía de la necesidad transitará, tarde o temprano, por los sórdidos corredores de la violencia institucional. Algo que no tiene buenos antecedentes. Sobre todo cuando se despliega en un marco de indiferencia general que la naturaliza (véanse págs. 4 y 5). Como si todo lo que sufren los adultos y jóvenes privados de libertad –el maltrato en su más amplia y dramática acepción– formara parte legítima de su condena. Y no es así. El abuso físico y psicológico, el hacinamiento crítico, la falta de atención médica, de visitas (por sanciones), de higiene, de ejercicios y estudio, son castigos adicionales, ilegítimos, no tolerados por la Constitución ni por la ley. Ese adicional violento regresa como un bumerán a la sociedad por la vía de la reincidencia, y a menudo por la reincidencia en delitos violentos (véanse pág. 7-11).
Se comprenderá cuánto más daño hace ese adicional de violencia ilegítima cuando se ejerce sobre adolescentes. El informe de la Institución Nacional de Derechos Humanos (Indh) sobre la situación de los centros de reclusión para jóvenes, dado a conocer por el Parlamento, desnudó un mundo de indefensión marcado por las peores formas del maltrato. El informe, ante el cual reaccionaron diversas organizaciones sociales nucleadas en el Comité de Derechos del Niño, produjo sin embargo una inmediata reacción de rechazo en la dirección del sirpa, el sindicato de inau y, con matices, el pit-cnt. Aunque una parte de estas resistencias son previsibles cuando no hay cultura de contralor, plantea cuestiones incómodas. Pero el Mecanismo Nacional de Prevención de la tortura, que actúa en el marco de la indh, aspira a superarlas. Sus acciones no son de denuncia sino de control y de diálogo para cambiar lo que está mal (véanse pag.18-21).
No hay áreas ni edades a salvo de estos conflictos. ¿Hasta dónde la escuela puede ser un lugar blindado respecto a lo social? Madres que golpean maestras, niños y niñas que golpean a sus pares, vecinos que linchan a jóvenes sospechosos… Frente a este panorama también la escuela necesita atención. La escuela disciplinadora, sostiene el artículo que publicamos, está en crisis, como lo están todas las instituciones disciplinarias. ¿Qué pueden hacer los maestros frente a esa realidad que violenta sus vidas, la de sus alumnos y sus familias? (véanse pág. 12-15). ¿Qué pueden hacer los profesores? (véanse pág. 33-35)
Hay otras herramientas disponibles para hacer frente a los conflictos: el arte es una herramienta fantástica que está desaprovechada, se plantea en la entrevista que publicamos. Pero falta el hábito, la cultura de acceder a determinados servicios que favorecen humanamente, como el arte (véanse pág. 36-39). Y no es casualidad que, en materia de cine, el Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos de Uruguay, Tenemos Que Ver, estuvo dedicado a los derechos de niñas, niños y adolescentes (véanse pág. 52-54)
Sobre la violencia de ayer, en muchos sentidos semilla de la violencia de hoy, un visitante ilustre de Montevideo, el francés Louis Joinet, camina con las Madres, bajo lluvia, en otra Marcha del silencio (véanse págs. 24-30). ¿Qué y cómo se enseña a los jóvenes lo que pasó en la dictadura? La introducción de la historia reciente en los programas de educación, a partir de 2000, suma complejidades para los docentes y reclama una evaluación porque parecería no llegar a quienes pretende (véanse págs. 44-46)
Entre elecciones y partidos (de fútbol) recortamos estos temas con los que habremos de convivir, gane quien gane.

Revista Nº 19 . Año 2014