“El museo necesita salir, estamos tendiendo redes”

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Antonia Yáñez es integrante de la Asociación de Amigas y Amigos del Centro Cultural y Museo de la Memoria (Mume) desde 2005, año en que algunos comenzaron a juntarse. Comparte la historia de los orígenes de la Asociación y del Museo, las actividades y los desafíos que tienen hoy como organización. “Nosotros siempre decimos que necesitamos recambio, ¿qué explicarle a los jóvenes?”, aquí un intento. 

¿Cómo y cuándo surgió la Asociación de Amigas y Amigos del Centro Cultural y Museo de la Memoria?

Nos situamos en el año 2005. No soy de las primeras, hay un grupo de gente que se va autoconvocando, vinculada a las organizaciones: Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, Crysol, entre otras. El tema del Museo ya venía siendoconversado. La Intendencia convoca a una primera reunión, a través del actual director de la institución Elbio Ferrario.

Yo entro allí como parte de Memoria de la Resistencia, que es un grupo de carácter civil que pretende trabajar en la memoria desde la resistencia a la dictadura. Todos los que estábamos haciendo algo relacionado al tema, llegamos a esa convocatoria. Al principio era una reunión amplia, solíamos juntarnos en la Intendencia, en principio sin perspectivas concretas. Los primeros pasos eran crear una Asociación Civil que estuviera vinculada con el Museo directamente; la Asociación Amigas y Amigos del Mume surge así.

Nosotros hacemos el lanzamiento de la Asociación en abril de 2007, también se hace el lanzamiento del Museo, en el mismo local que está ahora, y se inaugura formalmente el 10 de diciembre.

¿Cómo fue la elección del lugar para el Museo?

Hay que pensar que no teníamos la cabeza de hoy. Estábamos muy limitados también en nuestras posibilidades de qué íbamos a obtener, cuál iba a ser el lugar. Estábamos muy acostumbrados a no recibir de parte estatal un gran aliento ni un gran apoyo, íbamos negociando espacios.

El local que elegimos ya estaba armado, no como museo, era una casa que se había preparado para eventos. Tenía la paradoja de que había sido la casa del ex dictador Máximo Santos. Desde otro punto de vista estaba muy bien, reciclada, de buen gusto, relativamente amplia para empezar y allí se situó nuestro trabajo.

No era un sitio de memoria de la historia reciente, que en ese momento no se vislumbraba la posibilidad de ninguno. Entonces decidimos que había que plantar bandera y generar algo nuevo. Fue muchísimo el trabajo previo, no éramos gente de ponernos de acuerdo fácilmente, porque este proyecto estaba entre lo posible y lo ideal. Entonces sabíamos que todas las decisiones iban a tener un gran peso. El trabajo fue hecho con tanto entusiasmo y los resultados eran tan fuertes, tan evidentes, que nosotros estábamos como quien va a inaugurar su propia casa.

“Fue muchísimo el trabajo previo, no éramos gente de ponernos de acuerdo fácilmente, porque este proyecto estaba entre lo posible y lo ideal”

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¿Cómo se armó la muestra inicial y las actividades del Museo?

Para el guión del Museo se pidió colaboración a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, a docentes de memoria reciente. La muestra iba a tener un sentido cronológico; a su vez también se querían mostrar elementos de la época. Se pidieron donaciones para ese acervo, todo el mundo fue aportando. También se muestran fotografías de Aurelio González. Hubo gente que aportó haciendo la curaduría de la muestra.

Desde la Asociación además de los fondos, del acervo, de ir poniéndonos de acuerdo; siempre tuvimos en mente el tema de las visitas estudiantiles y juveniles, fue de las primeras cosas con las que arrancamos. Primero visitaban solo liceos, hoy es sexto año de escuela y también liceos. También se realizan visitas para otras organizaciones y asociaciones con jóvenes.

Una parte interesante de ese primer trabajo de educación era la red de testimoniantes. Empezábamos a darnos cuenta que daba resultados. La guía iba transmitiendo formalmente la historia de la muestra y en un momento daba paso a un testimonio. Los chiquilines ahí quedaban perplejos, pasaban de blanco a negro “¡ah! usted estuvo presa”. Fueron los cimientos de proyectar el Museo como enfocándolos a los jóvenes, además del público en general.

Hubo un momento donde la inauguración, el esplendor, el parque, la casa, la muestra, todo eso había que consolidar. Una parte eran las visitas estudiantiles y otra parte era la vida cultural. No olvidemos que se llama Centro Cultural y Museo de la Memoria, justamente porque su concepción necesariamente tenia que pasar por un lugar artístico, reinterpretando la memoria. Al no ser un sitio de la memoria, donde lo que pasó ya cubre el espacio, aquí hubo que llenarlo. Se hicieron diferentes talleres: de murga, de fotografía, de teatro. La gente venía a participar al solo llamado.

¿Cómo fue y cómo es la relación de la Asociación con el Museo?

Primero, tratamos de limar todas las opiniones e ir concretando. Después, vino la etapa de la concreción , el trabajo era mucho. Pero después vinieron otros momentos donde la Asociación tuvo que plantearse su relación con la institución Museo. Todos en algún momento teníamos deslices entre los límites y las posibilidades. Todos nos sentíamos muy Museo, pero el Museo al tener un carácter institucional tenía limitaciones.

La primera parte fue más sencilla porque el Museo no tenia presupuesto o planificación, y ahí sí jugamos -como Asociación- un papel muy importante: intermediación, adhesiones, vínculos privados y públicos, ir trasladando la idea y haciéndonos cargo de las necesidades, que eran muchas. Prepararnos, preparar la muestra. Muchas se hacían sin costos reales, es decir con el aporte militante de la gente. Había que poner a funcionar el Museo tal como está hoy. Era abrirlo al público y eso significaba un gran esfuerzo.

Creo que hubo un buen criterio inicial desde el punto de vista del Estado, creo que hubo una buena iniciativa pero también un gran respeto por estas reuniones y por las decisiones que se iban tomando.

Nosotros ahora, estamos apoyando al Museo en lo que haga falta. En las cosas más inminentes, que no podés esperar para que ande un grabador, y que la intendencia licite. Eso lo cubrimos nosotros, para que siga funcionando el Museo.

¿Con quiénes coordinan habitualmente? ¿Forman parte de alguna red?

Para la Asociación es importante el contacto con la Red Barrial. Nosotros tenemos ese predio, ademas habría que sumarle el papel que tiene la Fundación Zelmar Michelini, que está dentro de ese predio. Hace que las tareas se puedan hacer en conjunto, además de participar de un muy buen clima de trabajo, de confraternidad, las cosas se puedan resolver más rápidamente. Juntos nos hacemos un poco mas fuertes.

Paralelamente, tener presente este fenómeno de la Red del barrio Lavalleja. Es un trabajo que tiene muchos años en el barrio, nosotros le dimos un impulso, con un predio que tiene el Museo. Le llamamos la casa rosada, porque está pintada de rosado. Nos fue entregada una parte, estamos intentando recuperarla, hemos tenido algunos problemas locativos. Fue inaugurada como Centro Cultural del barrio, trabajamos con el espacio de Educación y con la Red general. Es una punta de trabajo importante para nosotros, es importante para la conexión con el barrio.

Hay una serie de limitaciones, el barrio es amplio, tiene muchas zonas, pero todo eso es parte de lo que pensamos cuando pedimos ese lugar para Centro Cultural, creemos que se puede lograr. Hay que incorporarlo dentro de las cosas que tenemos como grandes desafíos.

antoniayanez¿Cual es la actividad cotidiana de los miembros de la Asociación?

Realizamos un primer encuentro en 2008, estridente encuentro de Museos con el resto de Museos del Mercosur. Fue impresionante y efectivamente la Asociación jugó un papel importante. Cubría las tareas con los escasos funcionarios que había en el momento. Toda la infraestructura de un encuentro muy interesante. Ahí hicimos la carta de presentación con el Conosur, y generamos nuestros vínculos con gente de Brasil, Argentina, Paraguay.

Actualmente, estamos en una etapa donde tejemos redes, hay una necesidad de que el museo salga. Hacemos cursos de formación para la Federación de Estudiantes Universitarios Uruguay, por ejemplo. Trasladamos muestras de acá para allá a diferentes facultades. Vamos creando cursos con los mejores docentes, para dejar una experiencia, un material y un libro. Eso vinculado, por ejemplo, con el Pit-Cnt. También con las comisiones de derechos humanos de los gremios. La relación con FUCVAM (Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua), que colabora con nosotros en las jornadas, nos presta su lugar para reunirnos más cerca del centro.

“Actualmente, estamos en una etapa donde tejemos redes, hay una necesidad de que el Museo salga”

Con los 40 años del Aniversario del `68, salimos. Se hicieron varias charlas, gigantografías en distintas plazas, y un volante. Volvimos a hacer piquetes en la plaza Libertad. Estaban las gigantografías en el piso, me acerqué a una señora cuando se bajó del ómnibus, le hablé, le di el folleto y me dijo: “pero no se llamaba Liber Arce”. Ella todavía estaba algunos figurines atrasados. En algún momento pareció tan paradójico que el primer estudiante muerto se llamara así. Esto es a 40 años, esto es lo que a mi me impactó. Me pareció tan significativo.

¿Cómo acompañar o formar parte de la Asociación?

Hace poco tuve la experiencia de invitar. En la Facultad de Ciencias Sociales se está desarrollando un Seminario de Derechos Humanos e Historia Reciente. Nos invitaron y fue toda una experiencia. La mayoría de quienes participaban no conocía el Museo. Nosotros siempre decimos que necesitamos recambio, ¿qué explicarle a los jóvenes?

El tema es que no quede en una cuestión de momento. Ir generando una especie de sustitución de roles. Creemos que hay más posibilidades de que la gente se acerque porque se ha generado un movimiento en torno a las marchas del 20 de mayo, por ejemplo. Eso genera una puerta abierta, nosotros sabemos que somos bien recibidos en los distintos lugares donde haya jóvenes. El tema es la conexión con otras organizaciones e instituciones, es difícil hacerlo regular.

Nosotros tenemos que abrir más el juego. Creo que algo más concreto que ha abierto puertas ha sido la convocatoria abierta a muestras del Museo, eso atrae a muchos jóvenes.  Pasa una cosa que les pasa a todos los grupos. Uno se queja porque no hay más gente, pero no crea los mecanismos para que se sumen. Creo que esta experiencia que ahora le estamos dando más difusión a partir del encuentro de la Facultad, nos está ayudando. Yo me doy cuenta que el fenómeno de cómo se han procesado aquí el tema de la historia reciente, de los derechos humanos, memoria, de los juicios, de la verdad, ha impedido muchas veces que esto fructificara de una manera más abierta.

Entrevista y fotografías: Romina Verrua