La arqueología puede aportar a construir un relato de personas que fueron silenciadas

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Octavio Nadal es arqueólogo, forma parte de un espacio de coordinación en el que se trabaja para constituir en Sitios de Memoria: Los Vagones de Canelones y el 300 Carlos o Infierno Grande, de Montevideo. Le consultamos sobre los aportes que su disciplina hace a esta lucha.

Tal vez una de las nociones más difundidas sobre arqueología es: `ciencia que estudia las sociedades antiguas a partir de sus restos materiales. A través del análisis de los objetos y aquellas obras construidas por los pueblos antiguos, esta ciencia puede arribar a conclusiones en torno a su cultura y sus formas de vida´. Así pensada, imaginamos a los arqueólogos como personas que estudian restos, de tiempos muy lejanos.

Tal vez por una `deformación´o `pobre´ interpretación de la disciplina, inquieta conocer cuál es el aporte que esta ciencia realiza al trabajo que distintas organizaciones e instituciones vienen realizando en relación a la memoria reciente y a la defensa de los derechos humanos.

“cuál es el aporte que esta ciencia realiza al trabajo que distintas organizaciones e instituciones vienen realizando en relación a la memoria reciente y a la defensa de los derechos humanos”

Octavio Nadal, arqueólogo, participa del espacio de coordinación en el que se viene trabajando para constituir en Sitios de Memoria: Los Vagones de Canelones y el 300 Carlos o Infierno Grande, de Montevideo.

El Museo de la Memoria; el Espacio para la Memoria “Quica Salvia” – Secretaría de Derechos Humanos, Intendencia de Canelones; la Asociación de Amigas y Amigos del Mume; y la Asociación Ágora – Identidad, Derechos Humanos y Memoria Canaria; vienen trabajando de manera coordinada por estos Sitios.

300 Carlos o Infierno Grande

300 Carlos o Infierno Grande

La Asociación de Amigas y Amigos del Mume y el Museo de la Memoria comenzaron, además, el primer registro audiovisual de testimonios de personas que pasaron por estos centros de detención y tortura. El Espacio “Quica Salvia” y la Asociación Ágora están planificando comenzar con un registro similar.

Consultamos a Octavio Nadal sobre el aporte profesional de su disciplina en esta labor.

¿Cuál es el aporte profesional que realizás al proceso de recuperación del 300 Carlos y de los Vagones como Sitios de Memoria?

Creo que la contribución novedosa en esta temática, es que desde la arqueología lo que se construye es una linea de abordaje del conocimiento del pasado. Porque decir pasado histórico es imponer también una metodología y una mirada. Es histórico porque es desde la acción, desde una disciplina. Pero el pasado es esa cosa que todos sabemos lo que es, que está atrás y que la historia formatea a su manera, construyendo una narración acerca de lo que pasó.

“El pasado es esa cosa que todos sabemos que es, que está atrás y que la historia formatea a su manera, construyendo una narración acerca de lo que pasó. La arqueología produce otra cartografía de ese pasado.”

La arqueología produce otra cartografía de ese pasado. Genera otro tipo de conocimiento sobre bases metodológicas distintas. Con enunciados disciplinarios diferentes. La arqueología se refiere a objetos. Trata de recuperar objetos y con ellos, que son todos fragmentos, restos, vestigios; construye junto a otras disciplinas y con otras miradas. Contribuye a aportar bases materiales. Es ese un poco el rollo de la arqueología.

Me imagino que en Los Vagones, hay un trabajo arqueológico para hacer. Ir físicamente al lugar y en base al conocimiento, a las referencias de las personas que pasaron por allí, también a las referencias históricas; contribuir a hacer una reinterpretación. Lograr la `reconstrucción´ del lugar. Nuestro trabajo no es muy lucido. Es a base de planos y cortes, es lo que podemos aportar, a lo sumo un pequeño mapa para recorrer el pasado.

¿Crees que el 300 Carlos tiene otros desafíos?

El problema de los desafíos es ver donde empieza la labor critica de la disciplina. Nuestro instrumento de trabajo es una pala, un cucharín. Entonces, nosotros con eso removemos los restos, tratamos de aislar unidades, que tenga significación.

El problema del 300 Carlos es que tiene una escala que todavía no ha sido debidamente aquilatada. No sabemos cuántas personas pasaron, quiénes pasaron, es mucho lo que se desconoce del 300 Carlos como antecedente.

La arqueología lo que va a aportar son datos nuevos, porque estudia objetos. Los documentos que nosotros rescatamos no hablan, como la Historia, que cuando presenta un documento, es como si el documento hablara porque está escrito. En realidad también es un fragmento, pero eso es para otra discusión (risas).

¿Por qué acercarte y formar parte de estos espacios en los que se esta trabajando sobre memoria reciente?

Yo he ido derivando dentro de la disciplina, respondiendo a distintas provocaciones y propuestas y a distintos escenarios que se presentaban. Lo que siempre intenté es tener la coherencia, siempre del mismo lado. Mirando la realidad desde una esquina ética, siempre intentando narrar una historia que había sido silenciada. Yo creo que eso fue lo que más me provocó. Es decir, tratar de producir datos y conocimientos sobre un pasado acerca de personas que habían querido ser silenciadas, muertas, destruidas. Creo que los represores no precisan relato, creo que el relato es un relato de los derechos humanos. Los represores ya sabemos lo que hacen: violan. Que los defiendan otros.

Imágenes: Archivo de presidencia y Centro de Fotografía de Montevideo

Entrevista: Romina Verrua