Romper el silencio de cuatro décadas

  • por
Grupo Ex Presar

El próximo lunes 4 de setiembre a las 19 horas se presentará el libro “Las Palabras Guardadas”, en la Sala Hugo Balzo del SODRE. Reúne relatos de ficción y realidad de 13 participantes del taller Ex Presar, dirigido por el Profesor Luis Masci. Un taller que nació para compartir escritos entre ex presos y ex presas políticas, e hijas de detenidos y detenidos-desaparecidos. Entrevista a algunos de sus protagonistas.

Nos encontramos en un bar. Organizamos el encuentro en pocas horas y, afortunadamente, lo logramos. El profesor Luis Masci, coordinador del taller literario, Daniel Stapff y Antonia Yáñez, dos de los autores, acudieron al llamado para compartir algo de la historia gestada. Son 13 pares de manos las que escribieron “Las palabras guardadas”, un libro que nació del impulso creativo colectivo, producido en el taller Ex-Presar.

¿Como surge el taller Ex-Presar en 2013? ¿Cómo llega Luis Masci a ser el coordinador del mismo?

Daniel Stapff: Parte de una charla informal donde empezamos a ver cómo se podía plasmar todo lo que habíamos vivido nosotros, en algo que sirviera para darse a conocer. Se nos ocurrió la peregrina idea de que podíamos escribir un guión para una película, cosa que rápidamente nos sacamos con peine fino. Queríamos escribir, sin embargo, la primera dificultad era que no sabíamos escribir. Ahí empezamos a ver la posibilidad de un taller de escritura, y naturalmente surgió el nombre de Luis como la persona con suficiente paciencia para hacerse cargo de nosotros. Comenzamos, y vimos que realmente había mucha cosa que teníamos adentro, sobre nosotros y sobre las experiencias que habíamos vivido. Empezamos rápidamente, estaba la disposición, Crysol abrió las puertas y la gente ya estaba con ganas.

Pensando en los talleres ¿cómo era la dinámica de trabajo, cada cuánto se encontraban?

Luis Masci: nos juntábamos todos los viernes. Fueron como 100 viernes, es decir, dos años. La dinámica era a dos niveles, individual y a su vez colectiva, todos evolucionaban en relación a los demás. A veces es mucho más difícil que lleves tu propia historia, a veces se hace más fácil si otros perciben, te ayudan a entender y a visualizar. Se fue formando un trabajo colectivo, donde todos sabían de todos. Así fue que empezamos a elegir qué temas empezaría a trabajar cada uno. Fue un trabajo interesante, cada semana teníamos tarea, se iba acumulando el trabajo realizado.

Antonia Yáñez: el libro es el resultado, que por suerte es muy bueno. Tal vez contar sobre el proceso sea muy interesante, porque muchos no nos conocíamos entre nosotros. El grupo empezó siendo muy numeroso, pero tuvo su decantación. Algunos de nosotros fuimos muy malos alumnos, sin embargo, el grupo fue capaz de involucrar, de invitarte a volver, de que no te pierdas. Todo eso fue muy parejo. Cuando alguien aflojaba, el grupo lo apoyaba.
Luis proponía una manera especial de establecer el relato, no era un taller común, sino con una metodología específica que al principio era resistida por nosotros. Ahí el valor de Luis, de ir procesando e ir encontrando la forma para ayudarnos a construir algo que no fuera un testimonio liso y llano, sino que pudiéramos armar un relato con interés. También era una forma de evolucionar, que le pusiéramos perspectiva y que realmente fuera interesante para los lectores. Fue un proceso duro pero tal vez el más interesante.

Invitación libro Las Palabras Guardadas

 

¿En qué momento aparece la idea del libro?

D.S: creo que desde el principio. Rápidamente bajamos a tierra que el guión de cine después iba a ser una cosa inabarcable, entonces fuimos derivando hacia el libro. Agregando a lo que decía Antonia, en las reuniones siempre había algo para comer, que se hacía para la reunión. Era muy fraterno.

L.M: se fue creando una especie de familia. Ahora estamos todos ligados, sabemos de la vida de los demás, nos preocupamos de lo que nos pasa. Ahora hay una especie de primavera con el libro, la gente anda para un lado y para el otro, andan militando por ahí como si tuvieran 20 años.

A.Y: un grupo del taller dijo: “sacamos el libro”, y ya no lo paramos más.
Otra parte de la fraternidad es que realmente nos fuimos emocionando con los relatos, alguien traía algo escrito y ahí se conversaba. Todos le dábamos una vuelta, tratábamos de aportar. Se generaba un momento de recreación pero también hay como una labor terapia, una cosa muy fuerte. Fue fuerte el trabajo de Luis, porque de alguna manera, había que dejar que salieran las historias, después recogerlas, armar una síntesis y generar algo de nivel literario. A veces algunos salíamos malheridos, en relación a `yo no lo había escrito así´, pero también había un proceso de maduración. Hubo cosas muy fuertes porque la gente conversaba por primera vez, y era consciente de eso.

¿Cómo se vinculan realidad y ficción en los escritos?

L.M: son relatos, usamos la ficción. Usamos algunos trucos, como que los personajes no se llamaran como las personas. Se generaba una distancia porque obligaba a pensar de otra manera. También la libertad de poder imaginar los silencios -los que no salía- y luego indagar a fondo sobre los silencios. Había silencios oclusivos, otros abiertos, otros que conectaban con otros.
Se usó una metodología taller, pero tuvo que cambiar a niveles estratoféricos, porque esto se llenó de vida. A veces después del taller yo volvía a casa y hasta las 4 de la mañana me quedaba mirando la pared, porque estaban todas las imágenes. Fue un proceso muy lindo, apasionando, no si contradicciones, pero apasionante.

D.S: la ficción nos sirvió par influir en historias, no para hacerlas más lindas, sino para incluir cosas que no fueran de nuestra propia historia, sino que servían de alguna manera para hablar del conjunto. Hay quienes no escribieron sobre sí mismos y escribieron cosas muy buenas. Pudimos escribir sobre lo que nos pasó a nosotros o le pasó a alguien muy cerca nuestro.

La charla se desenvuelve tranquila y en confianza. Entre ellos se miran y sonríen con complicidad, reconociendo lo duro del trabajo pero con la alegría haber podido gestar juntos un proceso de sanación personal y de creación artística colectiva. Rememoran momentos, y se emocionan de nuevo, como supongo que fue en los 100 talleres compartidos, o en el instante en que cada cual tuvo en la mano el libro que escribieron juntos.

El proceso comenzó en 2013, compartieron dos años de taller y a cuatro años del inicio están publicando el libro ¿cómo se compara el grupo de 2013 con el grupo de hoy, luego de todo lo compartido?

D.S: muy consolidado. Yo diría que como grupo humano es un grupo muy unido. Tenemos actividades distintas, vivimos en los cuatro puntos cardinales pero hay una experiencia vivida con todos que consolidó a todo el grupo.

A.Y: cuando vimos el libro por primera vez, vimos la foto del grupo (que está al final del libro), y Daniel decía que la foto es muy simbólica de lo que fue el grupo. No es que cada uno trabajó lo suyo, sino que fuimos trabajando juntos. Los cuentos no son solo el producto de alguien que vino y escribió, sino que al traerlo, leerlo, pasarlo por todo ese proceso donde pasaban mil cosas, y después una se iba de ahí para seguir trabajándolo; era un proceso colectivo.

L.M: el límite siempre estuvo en cada uno. La gente fue hasta donde quiso. No servía para nada forzar. Lo que yo pude observar desde un lugar de afuera-adentro, es que entre todo el grupo había una especie de trama social, de experiencias, vida, riesgos, valores, que cuando empezó a funcionar el taller eso fue un capital importantísimo para poder construir. Hubo una primera foto donde estaba la necesidad de hacer una cosa a nivel de derechos humanos, la foto final es también eso pero con una alegría, un logro a otra escala.

¿Qué implicó individualmente para ustedes sacar las palabras guardadas?

A.Y: nunca había escrito ni pensaba que iba a escribir. Indudablemente esto es escribir más allá que uno no lo ubique en ninguna categoría. Fue completamente difícil. Yo hacía lo que los chiquilines en el liceo, “no, yo hoy no entro”. El mensaje igual, siento que sigue un poco guardado. Como experiencia, la parte colectiva estuvo muy bien. En la parte individual, tironearon mucho de mi, pero la fui resolviendo. Realmente cuando vi el libro me puse muy nerviosa, porque conmueve todo el material, en su variedad, y en lo que significa para cada uno de nosotros.

L.M: hubo muchos anclajes, cada uno en un momento tenía que traer objetos que tuvieran significación. Todos con una afectividad puesta ahí. Esa afectividad densifica el proceso de la mirada, del relato. Eran caminos indirectos o velados que permitían ese proceso. Creo que el crecimiento ha sido notable y las devoluciones que se hicieron también. En un momento, después de unas devoluciones, yo me puse a llorar. Creo que todo el mundo creció a su manera. Crecimos a nivel identidad, que sobrepasa las identidades que alguna vez tuvimos a nivel político, de visión de la sociedad, que quedaban relativamente afuera. Porque estábamos adentro, llegamos a estar dentro de nosotros mismos. A mi personalmente me hizo crecer un montón.

En el espacio estaban todos los elementos que están en la sociedad, lo ideológico, los deseos, los padecimientos, las clandestinidades, el no ser, los 40 años de silencio, porque hay que tener 40 años de silencio. Los procesos humanos son muy fuertes sobre todo cuando la sociedad es más propensa a defenderse y los que la dirigen son más propensos a callar para que esto pase rápido.

 

Pero ahí está la virtud, la memoria que ellos ejercían incluía los olvidos, incluía los recuerdos, y estaban también las cosas a evitar, porque estaban las llagas abiertas y no era posible acercarse. Al final, hay procesos a medias, hay otros avanzados, hay otros que con esto ya resolvieron. Lo importante es que estamos juntos en esto, y no sabemos qué va a pasar de acá en más. Algunos seguramente seguirán escribiendo, también se está armando un segundo grupo para otro taller. Para mi fue una experiencia fabulosa y me hizo absolutamente bien.

¿Qué expectativas tienen con el libro y cuál es el aporte que hace a la sociedad uruguaya?

A.Y: pienso en el grupo que somos, no se trata del material, no vamos a hacernos profesionales escritores, sino que se pudo sacar algo para afuera. Se sacó con una calidad, con la que fue posible, que yo creo que va a ser interesante para la gente. Hay personas que esperan ser interpeladas con relatos, donde puedan comprender al otro ser humano. Creo que va a calar, que no va a quedar solo en la riqueza del grupo sino en otros colectivos. En quienes nos apoyaron y, ojalá, que en otros también. Esperamos que esto contribuya de alguna manera, a la justicia. Seguramente contribuirá a la memoria. Algo que quedó cortado con la ley de impunidad, porque no solamente paró la justicia sino que paró nuestra propia cabeza.
Estamos convocados a presentar el libro en los sindicatos que nos apoyaron, en los centros MEC que también nos apoyó, vamos a ir al interior. El libro se une a otros temas de memoria, que también están sobre la mesa.

Durante el encuentro, en este par de horas compartidas, verbalizan -y también lo transmiten con sus miradas, sus gestos, su manera de decir- que la experiencia de escritura y del libro no es vivida como un último aliento, sino como un nuevo comienzo, una oportunidad para dejar sus palabras a las nuevas generaciones. Unos relatos escritos con pasión y emoción. Otra chance, abierta con tesón y deseo para compartir sus experiencias, sus ficciones y sus miradas. Una nueva apuesta de exigirle a la vida, y también a si mismos, a decir lo necesario, a compartir lo imprescindible, a crear siempre.

 

Información sobre la presentación del libro

Lugares donde se puede conseguir el libro

 

Novedades sobre la presentación

 

Foto: Daniel Stapff

Entrevista y contenidos: Romina Verrua